miércoles, 14 de diciembre de 2016

Entrevista de un diario laico sobre los cristeros.

Presento aquí un reportaje que el diario “La Prensa” de la Argentina, me hiciera hace unos días acerca de mi libro “La contrarrevolución cristera”. Creo que puede ser un buen resumen del tema.
P. Javier Olivera Ravasi
La Guerra Cristera, una gesta olvidada
Por Pablo S. Otero
11.12.2016 | Un nuevo ensayo indaga en el sangriento enfrentamiento ocurrido en México entre 1926 y 1929. El sacerdote Javier Olivera Ravasi aborda en su libro un tema complejo que sigue siendo tabú entre los mexicanos. Destaca el heroísmo de los miles de muertos que dejó el combate entre católicos y el gobierno masónico de Plutarco Elías Calles.
A principios de octubre el Papa Francisco, durante una ceremonia realizada en el Vaticano, canonizó al mexicano José Sánchez del Río, conocido como el “niño cristero”. En nuestro país pasó casi desapercibido ya que el mismo día fue elevado a los altares el ahora cura San Brochero. Sin embargo, la vida de Sánchez del Río remonta a uno de los episodios más sangrientos, y a la vez menos conocidos, que vivió el catolicismo americano en el siglo XX: la Guerra Cristera.
Recientemente la editorial Buen Combate-Katejon publicó una excelente investigación al respecto bajo el título La Contrarrevolución Cristera (360 páginas). Su autor, el padre Javier Olivera Ravasi (39) -abogado (UBA) y doctor en Filosofía (Pontificia Universidad Lateranense, Roma) y en Historia (UNCuyo)- logra exponer de manera clara y documentada no sólo las raíces de ese sangriento acontecimiento sino el desarrollo del combate, las intrigas políticas y el heroísmo del pueblo cristero, llamado así de manera sarcástica debido a sus banderas y grito de guerra: “!Viva Cristo Rey!”.
En diálogo con La Prensa, Olivera Ravasi recordó que la idea de escribir un libro sobre los cristeros, del cual se publicará próximamente una edición en francés, nació en la década de 1990 durante un viaje que realizó a México. “Fue ahí donde comencé a conocer este episodio épico, desconocido y hasta silenciado de la historia americana. Sus iglesias, especialmente las del centro de México poseen aún la memoria de sus mártires, de sus sufrimientos por haber defendido su religión y su patria”, sostuvo.
Contrarrevolución.
A continuación el diálogo que mantuvo con La Prensa:
-¿De qué se trató la Guerra de los Cristeros que se desarrolló en México entre los años 1926 y 1929?
-Fue principalmente una contra-revolución, entendida ésta en sentido clásico, es decir, lo contrario a la revolución, como decía De Maistre: el gobierno socialista y masónico de Plutarco Elías Calles, luego de años de preparación por medio de la influencia liberal, terminó imponiendo una ley penal por la que el solo hecho de llevar un rosario al cuello o santiguarse al pasar frente a una iglesia, era delito. Asimismo, se expropiaron los templos, se expulsaron a los sacerdotes y se atacó lo más profundo de esa tierra mexicana que es el culto al único Dios que debe ser servido: Jesucristo.
Fue entonces cuando el pueblo, espontáneamente e incluso a pesar de gran parte de la jerarquía de la Iglesia, decidió defenderse, aplicando la doctrina de la legítima defensa y del derecho al alzamiento contra el tirano opresor, pues las medidas pacíficas y legales nada hacían cambiar el parecer de los gobernantes.
-¿Qué otras cuestiones imponía la conocida como “Ley Calles”?
-El culto público estuvo suspendido durante tres años (no había misas en las capillas, ni bautismos, ni comunión, ni matrimonios, etc.); sólo tres obispos de los casi cuarenta que había, pasaron a la clandestinidad para estar con sus ovejas y un gran número de sacerdotes (no todos) hicieron lo mismo, jugándose la vida para poder distribuir clandestinamente los sacramentos en tiempos de persecución. 
Las dos ciudades.
-¿Cuál fue la esencia de aquella lucha?
-Sin duda, fue el enfrentamiento entre dos cosmovisiones, fueron dos ciudades diversas que se oponían entre sí; es como decía San Agustín: “Dos amores, crearon dos ciudades: el amor de Dios hasta el desprecio de sí, la Jerusalén celeste y; el amor de sí hasta el desprecio de Dios, la Babilonia”. Fue la cosmovisión católica, tradicional y mariana la que se levantó justamente contra la opresión atea, laicista y masónica que quería expulsar a Dios de sus templos, de sus escuelas y de sus hogares. Como punto de comparación, como lo señalo en mi libro, la persecución contra los católicos en México tiene un parangón enorme con la persecución de las inicuas revoluciones francesa, soviética y española (las de la República), entre otras.
-¿Cómo se desarrolló?
-Si bien fueron tres años ininterrumpidos, una primera etapa comienza con los levantamientos populares y desorganizados, cuando los católicos, con el mero objetivo de que no se profanasen los templos, de que no se asesinase a sus sacerdotes, saldrán -incluso sin armamento- a defenderse a como diera lugar.
Luego, con el correr de los meses y sobre todo con la contratación del general Enrique Gorostieta (un militar no practicante que se terminó convirtiendo en un gran y fervoroso militar católico) habrá una segunda etapa mucho más organizada y hasta victoriosa que, si no hubiese sido por los “arreglos” (que dieron fin a la contienda y que no se cumplieron) entre la Iglesia y el gobierno mexicano, otro gallo habría cantado.
-¿Cuántos muertos se calcula que hubo?
-Según estimaciones serias, algunos hablan de un total de 80.000 muertos: 30.000 cristeros contra 50.000 soldados del ejército federal.
-¿Cómo reaccionó el mundo ante ese sangriento conflicto?
-El Papa reinante por entonces, Pío XI, tuvo al inicio un apoyo al movimiento mexicano, pero al correr de los meses y de los tres largos años, prefirió pedir que la guerra terminara y que los cristeros depusieran las armas, aunque venían ganando. Estados Unidos fue el gran artífice no sólo de los “arreglos”, con su embajador Morrow, nombrado justamente a esos efectos, sino incluso fue el gobierno que apoyó la ascensión al poder de un presidente delirante como Plutarco E. Calles. La Argentina apenas si se enteró de lo que pasaba en México y en Europa estaban demasiado preocupados por los conflictos post primera guerra y entrando en la gran depresión de 1929. La Cristíada recién comenzó a conocerse cuando los mismos diarios locales de México empezaron a publicar las fotos de los martirios de los sacerdotes como la famosa secuencia de la muerte del ahora beato padre Miguel Agustín Pro que dio la vuelta al mundo.
Otros mártires.
-El último cristero recientemente canonizado, por el Papa Francisco, fue el niño José Sánchez del Río, de tan sólo 15 años, que luchó en el ejército cristero y fue fusilado por defender la religión. ¿Cuántos mártires más hay?
-Habría que definir qué se entiende primero por “mártir”. Si por este término se entiende aquél que ha muerto defendiendo la fe, incluso portando las armas según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, hay una enorme cantidad de ellos. Sin embargo, por el momento los ya beatificados o canonizados no pasan de un par de docenas. Sucede también que, por el silencio impuesto por la Iglesia y el estado mexicano luego de la guerra cristera (se acordaron unos cincuenta años de silencio absoluto para pacificar el país, desde ambos lados) recién ahora comienzan a conocerse más y más testimonios de aquellos años difíciles. Tal es así que incluso hoy, en México, hay muchísima gente que ni sabe que existió este episodio heroico del catolicismo mexicano.
-¿Qué otro caso trágico destacaría como el de Sánchez del Río?
-Por ejemplo, el de Florentino Alvarez, un humilde zapatero que fue asesinado por vivar a Cristo Rey. Lo mataron sólo por eso. Lo interesante es la esquela que su familia repartió al invitar a sus amigos al velatorio. Decía así: “¡Viva Cristo Rey! El señor Florentino Alvarez, originario de León, Guanajuato, murió confesando a Jesucristo a la edad de 37 años, el día del 10 de agosto de 1927. Su madre, esposa, parientes y amigos, con inmenso regocijo, lo participan a usted para que pida por el triunfo de la religión en México, poniendo por valioso intercesor el alma de Florentino”. ¡Eso es tener conciencia de que se estaba muriendo por defender a Cristo!
-En la actualidad ¿cómo es analizado este tema en México?
-Sigue siendo un tema tabú; es más, hay una corriente que quiere hacer pasar este episodio único en la Hispanoamérica del siglo XX como un caso típico de la “defensa de la democracia” o de la “libertad religiosa”. Hoy por hoy, en México, como hay una gran influencia de la masonería (casi todos los presidentes mexicanos son parte de esta logia, de modo público, no oculto) este episodio es más bien silenciado. Como muestra baste un botón: cuando hace un par de años se estrenó la película Cristíada (For greater glory) donde actuó el famoso actor Andy García, sólo se permitió que el film fuese proyectado un par de semanas en los cines de México y luego se sacó de cartelera.
-¿La Guerra Cristera dejó alguna enseñanza para el cristiano de hoy?
-Claro que sí, como decía el padre Leonardo Castellani, traduciendo a Verlaine, “amar la patria es el amor primero. Y es el postrero amor después de Dios. Y si es crucificado y verdadero, ya son un solo amor, ya no son dos”. La Iglesia busca la paz, que es la tranquilidad en el orden; sin embargo, cuando es atacada, debe ser defendida, como se defiende a una madre, a una esposa, a una hija. Porque lo de la otra mejilla se aplica para el plano personal. El que es verdaderamente cristiano debe saber que una cosa es buscar la paz y otra el claudicar de sus creencias, dejarse avasallar y renegar de Jesucristo, que no sólo aguantó bofetadas, sino que al menos dos veces usó el látigo.


Fuente: diario La Prensa

Que no te la cuenten (14/12/16)

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