sábado, 2 de septiembre de 2017

Mensaje del Obispo castrense de la Argentina con ocasión de los últimos acontecimientos.





02 de septiembre de 2017
Queridos hermanos diocesanos, queridos sacerdotes, queridos todos:
Como es de público conocimiento, estamos asistiendo a manifestaciones donde se generaliza para todos los gendarmes, insultos y calificativos, que conocemos que no son verdad.
El país asiste también a una de las falencias, en la justicia, que se fue agudizando y que, quiera Dios se vaya sanando y consolidando, porque necesitamos una justicia realmente rápida, eficaz, creíble. Porque donde no hay justicia o donde hay sospecha sobre la misma, el país va a la deriva. Estamos siendo testigos de que los argentinos, todos, queremos que aparezca Santiago Maldonado; él y tantos otros... ¡En nuestro país se sufren las pérdidas de tanta gente! Nos duele y nos llama la atención, que su desaparición, genere un marco, donde pueda vivirse la violencia. Sabemos y constatamos que la violencia siempre engendra violencia. Violencia que muchas veces puede ser física que lamentamos y reprobamos y violencia que es verbal y que ha generado un clima de desencuentro, de sospecha y de verdadera preocupación para todo el país. Nosotros, Obispo y Capellanes, a quienes el Señor y la Iglesia nos ha confiado acompañar la vida espiritual de nuestro pueblo en las Fuerzas Armadas y de Seguridad, tenemos la responsabilidad de ayudar a nuestros hermanos a que vivan cada vez más y mejor de acuerdo al Evangelio. Porque para eso estamos: para anunciar y ayudar a encarnarlo. El evangelio de la vida, el evangelio de la paz, el evangelio que es justicia, el evangelio que nos habla del amor, el evangelio que nos habla de ver a todos como hermanos, aun a aquellos que nos hacen sufrir o nos enfrentan y nos invitan a una actitud de corazón dispuesto a mirar con perdón y caridad. Que todos trabajemos para que ese Evangelio se haga cultura, se haga valor y que nuestra patria transite por caminos de verdadera justicia, donde el Reino de Dios sea el reino de la verdad, y el reino de la fraternidad. Tenemos que rezar, tenemos que pedir al Señor por nuestro país. El día que asumí como Obispo Castrense, expresaba que: “la democracia hay que defenderla y custodiarla de todo aquello que nos destruye y separa, de la sospecha y desconfianza”.
Los invito como Obispo a cada uno de los sacerdotes del Obispado Castrense, a que en este fin de semana celebremos la Eucaristía por la Patria. Que recemos por el País, por el encuentro de los argentinos, por la búsqueda de la verdad. Para que todos los que sepan algo de algún ilícito o de algo que no sea conforme al Evangelio, en este tiempo y en los tiempos pasados, por la construcción del bien común, estén dispuestos a aportar con valentía y con sinceridad, a decir, a hablar. Nunca callar lo que pueda significar algo que sea contrario a las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo y el Evangelio. Por eso pido que, este fin de semana, recemos la Eucaristía para que aparezca Santiago Maldonado. Recemos por el consuelo de la familia. Recemos en nuestra Eucaristía, pidiendo al Señor que dé luz a quienes nos gobiernan, a las autoridades, a la Gendarmería, a las fuerzas de Seguridad, a los Ministerios, para que, a todos juntos, Él los ilumine y ayude a encontrar caminos. Celebramos la Eucaristía por la paz social y la paz del corazón. Para que nunca más la violencia sea el modo y el camino para manifestar lo que pensamos. Que el respeto
sea el camino que verdaderamente queremos transitar. Pedir la Misa por la paz y la justicia, por nuestra Patria, por la paz del corazón, para mirarnos a todos como hermanos y para ser en nuestros ambientes instrumentos de paz. Instrumentos de paz en nuestros trabajos, en nuestras familias, en nuestra realidad. No dejarnos encender por la violencia, sino que realmente con actitudes del corazón, con miradas comprensivas y de caridad, podamos apagar el fuego y el incendio que supone la agresión, la mentira y los juicios que no corresponden a todos, sino que deben ser puestos por la justicia. Debemos recuperar la credibilidad en la justicia, debemos saber que la justicia debe, con celeridad, buscar los caminos donde no haya ninguna sospecha ni ninguna ambigüedad. Recemos por los jueces, recemos por los que trabajan por la justicia, recemos para que de verdad, la democracia se consolide, y el poder Judicial, Ejecutivo y Legislativo vivan en independencia, pero que, también juntos, trabajen por este país en el cual debemos vivir mejor y vivir todos como verdaderos hermanos. Que la política partidaria, que las miradas mezquinas no se embarquen en otros intereses con segundas intenciones. Todos queremos, todos deseamos que Santiago aparezca, todos deseamos que todo desaparecido aparezca, todos deseamos saber dónde están aquellos que son hermanos o que fueron hermanos y que también hoy, se requiere saber dónde están. Todos tenemos que estar comprometidos para aportar aquello que podamos aportar, y decir aquello que sabemos o que queremos, en el ámbito del respeto y en el ámbito de la verdad. La generalidad de que todos pueden ser asesinos es algo que nos duele, porque a nosotros también se nos ha confiado la vida de nuestro pueblo y de modo concreto en las fuerzas de seguridad. Sabemos que está lejos de ser verdad esa expresión de algunos fanáticos y de algunos que no respetan y que olvidan que hay familias, que hay hijos, gente honesta que está entregando su vida por el bien de la patria. Me sumo también a lo que Norma Morandini decía en un matutino que hemos podido leer en Buenos Aires: “¿Qué importa más? ¿Qué el joven aparezca con vida o que su posible muerte se enarbole como bandera política?” Por eso me parece que es importante que todos unamos los sentimientos, que ¿Dónde está Santiago Maldonado? sea verdaderamente una respuesta del corazón y no un oportunismo político en este tiempo, que desnuda mezquindades.
Mons. Santiago Olivera
Obispo Castrense de Argentina

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